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Cosas que se me ocurren…
Padre

 


Padre, reconozco haber conducido en dirección contraria. Carretera A6, hora doce y media de la mañana, durante cuatro kilómetros, desde la salida catorce hasta la diecisiete. Llevaba encima del organismo, adosado, dos gramos de cocaína. De pureza. Admito y confirmo que lo hice solo por poner la pistola con seis balas en la sien del destino. Disparé, seis veces. No conseguí matarlo, finalmente. Los ojos asustados son antirreflectantes, y el miedo el mejor pavimento donde agarrar estas ruedas sin dibujo en las llantas. ¿y cuánto puede tumbarse la aguja del cuentakilómetros? ¿cuánto puede penetrar la aguja en el terror a una existencia estúpida?


Padre,  quiero confesar. Ayer pegué a la monotonía. Me coloqué mis zapatos de payaso callejero, y salí pegando volteretas y mojando con agua de flores a los señores de barba recortada y traje dos piezas. Esa fue la primera bofetada. Luego caminé sobre el abismo de la m30 en un cable de un deseo de grosor. Por supuesto, no me caí, y llegué al otro lado, donde está el final de los sonidos de bocina y los insultos. Y ahí fue la primera patada. Me serví en un puesto callejero un amor-express, doble de azucar, por favor. Duró un beso furtivo, luego salí corriendo calle-abajo con mis zapatos enormes, plank-plank.  Cuando esta noche me he acostado me ha dado por soñar en colores y en recordar olores imposibles. Me sorprendió encontrar sangre en la almohada esta mañana.


Padre, protéjame porque me he enamorado. Ella estaba a punto de saltar y  yo fui su red. Ha venido a mis brazos, y ya no sé como despegarla de ellos. Le gustan las mismas cosas, es tan distinta y sin embargo tan igual. Y aunque decidí no amarla, me está enamorando cada vez más. Perdone la palabra, follamos todos los días. Me preocupa que se convierta en hacer el amor. No tomamos precauciones. No me deja salir de casa, desayunamos, comemos, lo hacemos todo prácticamente juntos. Hoy me escapé…perdone, me llama al móvil. Lo apagaré, disculpe. Cada vez que me besa, mi deseo, lejos de apaciguarse, se incrementa. ¿Ella?


Se llama tristeza.


Padre, confieso ser un niño en este mundo. Vengo a jugar con mis juguetes, mis soldaditos de latón y carne. Me disfrazo cada día de distintas cosas: pobre de metro, ejecutivo agresivo, pirómano obsesivo, ama de casa, niño de guardería. Creé el mundo en siete días y al octavo lo destruí. Les di la alegría y el gozo, y el deseo, les di el amor, la crueldad, la tristeza y la obsesión. Les di la esperanza. Cómo me han olvidado, puedo jugar a mis anchas, pero no me reproche, ellos están locos por participar. Las miradas se cruzan en el metro, soy yo, y un paseo en bicicleta cambia la vida de Raúl de veinte años, estoy yo ahí. Un coche atropella más tarde a  Rico, el perro del mismo. Yo conduzco el volante, yo caigo muerto en un arcén. Yo conduzco la ambulancia, soy el enfermo y el asistente que sujeta el suero. Yo soy la muerte.


Les he dado todo y me quedó la soledad, padre. No tengo ni padre, Padre, ni hermanos a los que acudir. No tengo hijos, porque soy un niño.


Les di la vida, padre, y a mí a cambio me quedó la soledad.


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27.2.06 11:18
 


To date 3 Comment(s)     TrackBack-URL


(27.2.06 21:18)
gracias por seguir escribiendo!


(28.2.06 12:54)
me voy, vuelvo y tu sigues escribiendo cosas increibles!


lorelain (28.2.06 18:00)
Hola! Hice un gran descubriento el sábado pasado, descubrí tu blog! y como no tenía ningún plan para el sábado noche, qué mejor k leer desde mayo del 2004 todo lo k me había perdido. Me encanta lo k escribes y como escribes. Ke bueno k volviste.. Ya tienes una fan más!
Bsos desde Barcelona.

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