Sandman
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Cosas que se me ocurren…
Golpes en la pared

 


Golpeaba la pared. Daba golpes intermitentes, repetidos, y luego se callaba para volver a empezar.


 


Nosotros subíamos la música, que retumbaba entre las paredes, y las paredes nos devolvían los ecos de la soledad en el momento. Había una atmósfera irrespirable; a veces me sentaba en algún rincón pensando que la casa se volvía una enorme pecera, en la que boqueabamos con nuestras enormes branquias, abriendo mucho la boca, intentando respirar, continuar. Luís se desplomaba derrotado en el sofá, y la bebida se pasaba de garganta a garganta. Exudábamos un sudor ciego que nos empapaba, mientras los Chemical nos marcaban el ritmo a golpe de loop brutal.


Los golpes se repetían una y otra vez. La música sangraba más. Nosotros reíamos a carcajadas. Alguien se besaba en una esquina. Hombre, mujer, hombre, hombre, mujer, hombre, mujer. Eso era lo de menos. A través de la saliva se transmitía un secreto incorrupto, nosotros los sabíamos. Una mujer gemía, en el baño, y a su lado Marco se inclinaba sobre el lavabo y se volvía a incorporar un poco mas rota su mirada.


Apoyaba mi cabeza hacia atrás, y cerraba los ojos. El mareo cedía y una calma extraña se levantaba como un muro cercándome, en una amnesia instantánea. Mi copa derretía un hielo en alcohol. Una voz hablaba.


-         ¿Que tal?


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Abiertas mis defensas, levantaba los parpados pesadamente para ver a mi interlocutor. Una chica, falda azul, ojos castaños, red bull con vodka, me sonreía desde una distancia insalvable.


-         Bien, ¿disfrutas de la fiesta?


 


Si. Disfruta de la fiesta. Me cuenta que es la hermana de... (pongan aquí lo que se desee, yo ya no lo recuerdo). Que ha vivido diez años sola. Que se marchó porque no aguantaba los golpes. Que mañana tiene examen. Que espera aprobar.


Tengo dos puntos rojos quemándome a la altura de los ojos para esas alturas. No contesto ya preguntas, solo deseo responderme, reponerme, vaciarme y volver a empezar. Suena Asia Doub Foundation en la cadena de música.


Me levanto del sofá, tambaleándome. Un nuevo monstruo esperpéntico se me cuelga del hombro, pretendiendo que aguante su peso. La nariz me pesa, los pies me pesan. Tropiezo, alguien grita, dos se enfrentan. Dos chicos se abrazan al lado de la cocina. Suenan más golpes en la pared.


La casa se cae a cachos, como mi consciencia. Hay lagunas negras ocupando las personas, hay marionetas con hilos que se elevan desde los tendones hasta alturas inconmensurables. Me gustaría subir allí, arriba, ver las conexiones, romperlas, dejarlos libres.


Me encantaría escapar aunque no pueda. Mañana vuelvo a trabajar, resaca y dolor de huesos. Hola, ¿que tal? bien, ayer fiesta de cumpleaños de un amigo, vaya, menuda cara traes, si, fue fuerte, bueno, pero ya es lunes de nuevo. Claro.


Me siento en mi mesa, los papeles de la facturación del último año andan equivocados, encuentra el decimal que se extravió perdido entre tantos números, encuéntralo antes de las once, hora del café, con dos de azúcar, encuentra ese decimal.


Y es que si encuentras el decimal, y el siguiente, y completas el formulario, y rellenas la hoja, y cierras el expediente sientes que cierras parte del expediente de tu vida. Aunque siempre te falte un decimal.


He bebido demasiado. Vomito en el fregadero y mancho vasos sucios de coca-cola y ron. Alguien menciona algo de números en su trabajo. Sonrío y me vuelvo al sofá. La chica que estaba allí ya no está. Los golpes se repiten en la pared contigua; el viejo debe estar a punto del suicidio. La radio suena y casualmente entra Purple Haze. Hendrix arranca las notas de la guitarra, ella se resiste pero él continúa destrozándola igual, ella gime y grita.


 


Purple Haze all trough my brain


 


 


y...últimamente las cosas no parecen las mismas. No puedo mas, no puedo mas, nopuedomas con los Golpes en la pared.


 


Se levantó con un tremendo dolor en la sien, y con un sabor amargo y desagradable en la boca. La radió musitaba monótonamente en un rincón. Una enorme mancha decoraba el tejido de la alfombra, olía a alcohol y tabaco. Alguien había abandonado una camiseta encima de un cojín. No era suya. Vasos de papel por todos lados, botellas vacías, ceniceros llenos, hormigas en la encimera. Se levantó con dolor de piernas, apagó la radio y el piso se sumó en un silencio profundo.


En la encimera los pequeños insectos se organizaban recogiendo los desechos humanos allí vertidos, en una organización invisible, rodeando, unas cargaban otras, volvían a por material, en hileras consecutivas, en un orden mecánico que hacía recordar la precisión de la maquinaria de un reloj. Había algo de hipnótico en como desaparecían en el interior de una abertura en la pared, volvían a aparecer como multiplicadas, como cargaban, aquella perdía su peso, lo rodeaba, lo empujaba desde otro ángulo, en un titánico esfuerzo diminuto como la uña de una mano, y aparecía otra hormiga para empujar con ella, imaginando que en el interior comenzaba un nuevo proceso de aprovechamiento del desecho, con una inteligencia perversa, como minúsculos buitres sin alas que se alimentaran de los cadáveres ajenos, en silencio, sin ninguna sonrisa, en un orden monstruoso, en una perfección admirable y  enfermiza.


Había pasado más de media hora cuando se dio cuenta de haberse quedado estúpidamente mirando a la riada de hormigas. Con una náusea de repulsión cogió una bayeta húmeda y limpió el fregadero, arrastró las hormigas tirándolo todo a la basura, recogió los vasos, barrió y fregó el suelo, utilizó el insecticida en el pequeño hormiguero a pie de encimera, y el ambientador en toda la casa.


Cuando terminó eran las cuatro de la tarde. Comprobó el contestador; ningún mensaje. El móvil tenía un mensaje de Marta, agradeciendo la invitación a la fiesta, pero no podía ir. También había una perdida de Carlos, luego le llamaría.


Se vistió con unos pantalones de verano y camiseta sport azul celeste. La temperatura era agradable y el sol era amable con una luz suave y dorada descendente que se apagaba. Al salir al pasillo, una escalera de madera grande que descendía con un techo bastante alto, como sucedía en las construcciones antiguas. Los peldaños crujían. Había calma en aquel momento.


Cuando llegó al recibidor vio unos destellos amarillo rojizos girando al otro lado del cristal translúcido. Abrió la puerta y la calle inundó sus sentidos. Una taladradora martilleaba con violencia la esquina. Una mujer con un niño colgado al pecho pasaba por debajo de un andamio. Un agente de movilidad hacía sonar su silbato con virulencia, realizando aspavientos a los coches que cruzaban la avenida. Y en la puerta, una ambulancia esperaba.


La vecina del segundo derecha se encontraba allí, y también el portero. Cuchicheaban algo. Se acercó notando las miradas clavadas en su rostro. La ambulancia cerraba las portezuelas y se marchaba, la sirena confundiendose con el resto de los ruidos de la ciudad.


 


Se hubiera dado cuenta si la música no hubiera estado tan alta. Quizás hubiera respondido a la llamada y a los golpes en la pared. Quizás el hormiguero había sido barrido como un huracán, con una única victima. A lo mejor, y solo a lo mejor, el viejo del piso contiguo hubiera podido tener respuestas. Habría salido al pasillo, a discutir con él, y en sus ojos desearía esa calma que no llega. Posiblemente, el anciano con su batín le hubiera insultado, muy probablemente se encontraba solo desde hacía mucho, seguramente había cenado frente a la tele, en un sofá demasiado grande para una persona. Probablemente, cuando se acostó en su cama, incapaz de dormir, golpeaba la pared pidiendo silencio, paz o, quizás los golpes en la pared eran mensaje telégrafo, un código morse que su estupidez no reconoció, pidiendo sentido.


 


Mientras caminaba a su cita con Silvia, pensó que a veces las cosas solo son eso, golpes en la pared, un decimal perdido, un día mas en una cama vacía. Hormigas correteando sacudidas por una mano gigante en una fiesta infernal.

10.5.05 12:00
 


To date 8 Comment(s)     TrackBack-URL


(10.5.05 12:26)
Tal vez...


lola (10.5.05 13:28)
Tenias razon, no es tu manera habitual de escribir.
Pero como nos suele pasar la casualidad quiso que este sabado, mientras yo estaba riendome por mi ciudad, al otro lado de la pared moria mi vecina, una mujer de unos 70 años. Aunque esta vez no hubiero golpes.
Cada vez que te leo me sorprende mas tu manera de ver el mundo. Ya sabes que soy adicta a tus historias y a ....
Petonets anaguet


(10.5.05 17:14)
Sobrecogedor.
Sin palabras.


Gata (10.5.05 17:51)
Y aquí es donde escribo que, después de un tiempo sin leerte, cada vez me gusta más lo que veo. Que quizá pasa tu vida por un momento especial, no necesariamente dulce ni amargo, que saca de tí cada vez algo mejor y que me sorprendería si no fuera porque desde hace mucho (¿hace mucho realmente?) espero grandes cosas del hombre arena.


athos / Website (11.5.05 23:04)
Sigo la hilera de hormigas... como siempre, me encanto con las pequeñas cosas... en este caso una grande, un gran texto porque viene de un gran encantador de lectores.
Gracias por la recomendación!


Trazos / Website (12.5.05 10:52)

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    1


 


(Casi) impresionada. Ya me lo dijeron.


 




Javi / Website (12.5.05 12:36)
Una fiesta tremenda y un dar que pensar.
Me encanto como esta escrita, como se asocian las cosas, como saltan.
salu2


(16.5.05 07:04)
si, muy bien contada...buena forma de escribir, y saludos...:D

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