| Fin |
| A veces caes, A veces Vuelas |
| Rescatando del Olvido |
| Sueños |
| Un día mas |
| Canciones, sueños, todo es lo mismo |
| Pesadillas |
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Si quieres a alguien, déjale libre
Porque no te poseo te dejé escapar. Te marchaste entre los dedos, te escurriste entre mis ojos cerrados. Y así comenzaste a horadar el suelo, y cuando descubriste, que aunque temblorosa, pisabas la tierra y te sostenías sobre tus deseos, comenzaste a caminar. Es maravilloso ¿verdad? Yo te observé con los ojos entornados, sabiendo que te perdía, porque no me pertenecías. Porque no somos de nadie aunque queramos atesorarlos, te dejé volar libre. Y así, te desplegaste en una noche de abril y me dejaste un recuerdo tatuado y una visión de cielo azul. Y el viento sopla, desde lejos, a veces, cuando quiero divisarte entre las nubes de la memoria. Sabes bien que sólo deseo que haya sol que te guíe y que sepas donde está el Norte, mi niña. Que tus ojos se llenen de tanta belleza que creas que todo se desvanece, y que en ese abrir-cerrar de ojos, vuelva a estar ahí, asombrada. Y también te deseo esos días monótonos que todos tenemos, pero con el calor de los que quieren quererte, que muchos o pocos, sean los ciertos. Porque yo te quiero mi niña. Te quiero desde la médula a la espina dorsal y más allá, y nunca podrás imaginarlo cuanto espacio vacío se descubre cuando algo tan grande se marcha. Porque soy tan grande por dentro que mi propio eco no me ha vuelto desde que una vez grité tu nombre en mi interior, esperando oír tu voz. Abrázame, ahora que no estás. Porque hoy, estés donde estés, estoy. Sigo aquí, en un lugar del mundo, bajo miles de historias y ruido, en un sueño que no compartimos. Y sonrío si te imagino, tan sencilla como respirar, estás caminando niña, a un lugar donde hay un otoño suave y hojas de árbol secas que crujen cuando atraviesas el paseo con la fuente. Y puestas de sol de esas de postal, y un par de minutos en un banco escuchando los gritos de los críos en los columpios, y muchas, muchas más cosas. Allí tienes mi canción mi niña. La de las palabras que nunca se encuentran, la de las cosas que no sucedieron y que pasaron, esa melodía de momentos fulminantes que te hacen hinchar el corazón y los ojos cuando las cosas se detienen brevemente y se enlentecen en la rutina gris de los lunes del metro, en ese silencio de mucha gente viviendo atenuados dentro del vagón. Me apago un poco, dentro, y me resguardo en esa extraña sensación de estar fuera de todo. Y allí, en un rinconcito siempre estás tú, para besarme. Para decirme que todo está bien, que todo va a salir bien. Para acunarme cuando tan torpe soy, para consolarme cuando todo duele tanto. Para quererme. Para hallarme si me pierdo, un poco. Eso se queda aquí, conmigo, a salvo. Sigo caminando, sigo aquí, aprendiendo a vivir. Quiero volar también, niña, yo también quiero encontrar un lugar al que llamar mi casa. Es tan grande el horizonte que asusta. Hay tanta gente, y entre tanta gente uno se siente pequeño, frágil. Es esa sensación de ser un sonido que nadie pueda pronunciar, uno de esos de un idioma raro, en las que hay que colocar la boca de una determinada forma para que suene. Y nadie lo hace. Y ser también, una búsqueda de manos. Manos que abran los dedos y que quieran tocarme. Que quieran saber no que aparento, sino quien yo soy. Ojalá alguien tenga tu nombre en la punta de sus labios. Y cuando lo pronuncie estés en casa.
¿No me escuchas, mi niña?
Soy yo latiendo en algún lugar, con mi mirada levantada esperando verte cruzar un día este firmamento gigantesco. Yo te sueño a través de mi mirada libre y feliz. |
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9.3.06 13:58 |
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