| Fin |
| A veces caes, A veces Vuelas |
| Rescatando del Olvido |
| Sueños |
| Un día mas |
| Canciones, sueños, todo es lo mismo |
| Pesadillas |
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Las manos que escriben esto
Las manos que escriben esto podrían ser las de una mujer de sesenta años, hastiada al máximo de la multitud de pesos-piedra colgados a la espalda, vencida tras años de opresión y dictadura, y cansada de correr entre grises, deseando, soñando la sangre nueva que viene, disfrazándose de sueño mientras tiembla en su cascarón. O pudieran ser las del estudiante de informática, gafas y pantalón vaquero, que mira el reloj mientras redacta, apurando el tiempo antes de marchar a la clase de sistemas operativos, con un gato ronroneando a los pies y el sonido del agua del friegaplatos en la cocina. O tal vez sean las manos de una mujer envuelta en un cuerpo de hombre, o un nombre de hombre en un cuerpo de mujer, cuyo sexo se perdió una noche que, despiste de despistes, probó unos labios demasiado bellos para pertenecer al mismo /o /a, unas manos que acariciaban demasiado sin reconocer entre las piernas, ciegos que guiaban deseos lazarillos de la sensualidad. Quizá sea el exiliado, en un pueblo costero de Noruega, con el único recurso de la imaginación para viajar a la ciudad que un día abandonó, Madrid, con una promesa de renovación. Quizá sean esos dedos, que al abandonar su pequeño piso de cincuenta metros cuadrados, tenga que enguantar para no congelarse, y agarrar la pala para apartar algo que soñaba era bello y que se convirtió en una maldición al recibirlo nueve meses al año. Quizá sea la chica que trabaja en una tienda de flores, la que cada mañana sueña tu encuentro detrás de las petunias o las gardenias, señor, no se olvide su cambio, no me trates de señor que no soy tan viejo, mejor trátame de tú - Pues bien, tú, te dejas el cambio Quizás sean las risas que se escuchan en ese primer encuentro, entre las gardenias y las petunias, justo en el lugar donde crece tu propia flor. ffice Quizá sea una inteligencia artificial despierta, una vida generada a partir de unos y ceros, un complemento de resistencias y condensadores, un organismo que se riega por venas de luz eléctrica… En realidad, no hay nadie detrás de las letras. Si se mira el doblez y reverso de las letras, se ve un gran espejo que a veces refleja lo que ve, otras deforma, y otras en cambio no muestra nada. Es un gran espejo que fluctua como el agua, y que a veces, provoca una sensación de inquietud, como el mar, cuando se nada de noche y no se sabe que se tiene bajo los pies. |
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12.9.05 15:59 |
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