Sandman
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Cosas que se me ocurren…

¿Qué quedará detrás?


¿Que huella en la playa, que sombra en la arena?


Cuando mire hacia atrás ¿qué observaré alejándome?


Cuántos cristales rotos he pisado mientras atravesaba este mundo extraño, esta burbuja frágil que explotará un día con un pinchazo del corazón.


Siento haber lanzado todas esas botellas al mar.


Deben estar golpeando islotes, ¿las oyes?


Deben, sus mensajes, estar emborronándose. ¿Qué decían esas letras juntas, esas palabras combinadas?


¿Cuál era mi nombre? ¿Tenía un nombre que alguien, en algún lugar, consideraba hermoso?


Puede ser que solo sea un recuerdo que salta, que se emborrona mojado, en la memoria de los que me conocieron. A lo mejor, un día, muy lejos, alguien pronuncia mi nombre alterado por los soles que se levantaron y se posaron. Quizá, entonces, sea más real de lo que nunca fui.


Y qué quería conseguir con todo eso. Qué buscaba en todos mis deseos encapsulados, en todas mis caricias perdidas en manos que no volví a ver.


Había regustos de una palabra corta. Solo había una esperanza que volaba por encima de mi cabeza una y otra vez. Había cuatro letras mal escritas en mis ojos. En mis palabras, la soledad me persiguió como un rondador nocturno, mientras escuchaba con atención las historias ajenas, esas otras burbujas flotando... ¿Cómo decía la canción?


Como pompas de jabón.


Me equivoqué. En estos días en los que todo se acerca a la perfección mecánica, obscénica, absurda, yo confieso, me equivoqué. Incluso puedo afirmar que viví en un equivoco continuo, que era mi acierto. Intenté no errar con los que quería, incluso con los que acababa de conocer, aunque lo hice. Por una vez, intenté hacer las cosas bien. En definitiva creo que fui el que intentaba querer ser, y eso me bastó.


Fui el que intentaba querer ser. Quería encontrarme cuando me acostaba, por la noche, y en el silencio me escuchaba respirar, para ver si lograba oírme.


¿Puedo decir que perseguí mis sueños? Hasta que se apagaba la luz, dentro de mí, de golpe. Nadie lo notaba y a lo mejor estábamos paseando juntos por callejuelas de ciudades que no conocía, y click, se producía la oscuridad. Venía una insensibilidad, no recordar los detalles, un amorotamiento general y un sabor a bilis. Y mi cuerpo como un maniquí animado decía las palabras, realizaba los gestos. Luego, click, volvía la luz y seguía viviendo, siempre respirando, escuchando. Era como perder todo de golpe, y luego no recordarlo. Nada se detenía nunca. A veces, perdonadme, perdóname, estaba con vosotros, contigo y no estaba con nadie. Estaba sólo.


Qué quedará cuando pase el tiempo. Si alguien recordará mis cicatrices o no, o mis palabras acertadas o no, había luna llena, mis tics nerviosos, mis uñas comidas, y la calle olía a comida y a chiringuito de verano, mis zapatillas rotas, mi charla cansante, y solo existíais tú y luego el resto, a pesar de todo lo que sucedió después (¿o fue antes?), perdido en mi memoria se disuelven los detalles como si se hubieran mojado, no se, a lo mejor se mojaron ayer, o fue mañana, envueltos en una botella, y la gente bebía por las calles, lanzado a un mar, se acercaba un verano prematuro, que flotaba, y flotaban las risas en tu ciudad, flotaba...


Me dolía. Cada patada que la vida te daba yo la sentía a través de tu piel, en tu interior. Yo recogía el odio y lo guardaba dentro, en un rincón del que no ha salido. Me alegraban. También sentí esos colores. Los azules, los ojos, los rubios del cabello. Parecía que no me afectaban y me calaban hasta los huesos. Sonreía, por dentro, sonreía como un gato de cheshire pero a la inversa todo cuerpo visible, nada sonrisa. Pero lo hacía y eso era más real. Sonreír puede ser lo mejor, incluso cuando se olvida el motivo de ello.


Yo seguía caminando y cada vez, todo más lejos, incluidos tú, ellos. Yo sonriendo aún mas para no gritar de temor.


Yo agitando la mano, adios, adios, es lo que debo hacer, adios.


Yo soñando mi sueño.


 


Tengo la impresión hoy, de volver mi mirada atrás en el camino que no se desanda. Siempre queda un sentimiento de ligera impotencia, y un deseo de haberos hecho entender, que después de todo, solo intenté con cuatro letras mal escritas amar, y que de la misma forma que me equivoqué, vosotros pudisteis haber acertado. Solo quería haceros saber que no fui sólo una veleta empujada por un viento caprichoso. Solo quería saber quién era reflejado en los ojos de los demás. Solo quise ayudar.


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Creo que en alguna parte quedará todo esto cuando un día, click, todo se apague y no se vuelva a encender nuestro castillo, lamido una y otra vez por las olas del tiempo que se lo llevan todo...

6.6.05 01:11


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