| Fin |
| A veces caes, A veces Vuelas |
| Rescatando del Olvido |
| Sueños |
| Un día mas |
| Canciones, sueños, todo es lo mismo |
| Pesadillas |
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Pulso
“…y me di cuenta esa noche de que la luz de la sala, que parecía tan brillante cuando la encendiste, no era nada, comparada con la del amanecer, que no es nada, comparada con la luz que desprendes cuando duermes…”ffice Ani Difranco – Pulse Mis sentimientos están esparcidos en pequeños cristales brillantes. Dos voces aúllan en estos momentos de la noche; una en el exterior, una en el interior. Sospechosamente se parecen en su mensaje, no así el continente. Camino, la calle mojada por la noche, y los pensamientos vuelan sin obstáculos. Las soluciones fáciles no van con los problemas difíciles. Las soluciones difíciles no van con las fáciles y hay problemas que no tienen solución. Y todo es un gran puzzle, lleno de piezas decompuestas que se van formando a medida que el tiempo pasa, y van encajando a medida que los problemas ya tienen su solución. O no. Dejamos pistas de cómo somos, dejamos pistas de lo que hacemos y lo que deseamos. Vamos abandonando farolas pintadas con corazones de tiza. Las palabras están incompletas, las frases también, y esperamos que otras personas pronuncien las claves que faltan, y así nosotros podamos identificarlos. Y las frases se mojan bajo la lluvia y cuando llegan los que debieran, no pueden leer deseos borrados. Nos cruzamos una y otra vez y, aunque vemos nuestras caras, no nos reconocemos. Caminamos pensando que vemos los ojos de las personas, y solo vemos cemento, solo vemos muros, solo vemos puertas. Solo vemos cascarones vacíos, cubiertos de huesos y músculos. Y yo deseo tanto ver tus ojos, libres de muros, libres de cemento, libres de puertas. Las distancias nos marcan, las distancias, en vez de acercarnos, alejan. Estamos a metros y no compartimos ni el mismo pulso de vida, y no latimos sin sangre en las venas, no caminamos si no tenemos un destino, y no nos detenemos si no nos obligan. Nos da miedo, reconocerlo, nos da miedo pensar en lo que nos falta, y nos asusta aún mas plantear conseguirlo. Es mas fácil seguir como hasta ahora, cayendo en la espiral cada vez girando mas lejos de el centro que debimos alcanzar hace mucho, cada vez mas alejada la línea que define lo que somos de lo que pretendemos ser que somos. Y yo, ciego y a distancia te hubiera ofrecido mi pulso, te hubiera dejado que me cegaras con tu universo cotidiano, te hubiera dado mi respiración si lo hubieras pedido. Te ofrezco, te dejo, te doy. Un día, decimos que nos marchamos. Y no avisamos a nadie, nos marchamos sin mas, sin hacer mucho ruido poco a poco apagándose el recuerdo de lo que fuimos. Un día decimos que abandonamos, y aunque presentes ya no estamos, cascarones vacíos cubiertos de huesos y músculo. Un día, la metamorfosis nos alcanza, interiormente, y la espiral gira más rápido y se convierte en un círculo. Un círculo perfecto en el que solo estamos nosotros, dejando cartas a desconocidos, pintando las paredes de tiza y las uñas de colores, pronunciado palabras nuevas que rellenan huecos, latiendo con un pulso vital que ya nadie nos arrebata. Somos grandes o feos, gordos o inteligentes, simples o anoréxicos, perdedores o buenos, egoístas o sinceros. Somos amantes, somos odiados. Y somos nosotros. Por fin. Y yo siento el cosquilleo, dentro, lento, sosegado del cambio, con el frío de la noche invernal. “…y yo te sostenía allí, pensando, te hubiera ofrecido mi pulso, te hubiera dado mi aliento…” Ani Difranco - Pulse |
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9.12.04 01:02 |
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